Debo confesar que me siento menos abrumado, he confesado mi situación a parte de la familia, mi hermano, y me comprendió.
Se siente un alivio enorme saber que aunque metas la pata tu familia va a estar allí para alentarte a seguir, apoyando tus decisiones y velando por tu salud.
Me siento un poco más liviano y con más energía. Se que se vienen unos retos enormes, pero junto con ello viene el apoyo de mi familia.
¡gracias Señor! por que a pesar del ataque nervioso que sufrí hoy, puedo seguir adelante.
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